El Poder Sanador de la Naturaleza



Siente el llamado de la naturaleza y familiarízate con la fuerza de sus elementos…  En ella encontrarás un reflejo de tu propio ser, conectando así contigo mism@.

A veces, incluso, es necesario hacer catarsis y que mejor que la naturaleza para ello, ella nos ayuda a sanar y nos reconforta con su belleza, sus sonidos, su silencio, su poder y su magia.

Cada lugar te brindará algo especial y diferente, pero siempre muy enriquecedor...


Playas:


La playa, por ejemplo, es un lugar maravilloso de sanación;  su agua salada limpia y purifica todos tus cuerpos: físico, mental, emocional, energético; facilitando que sean un mejor vehículo para tu espíritu, armonizándote y acelerando tu sanación en cualquier ámbito.  El sol, la arena y el aire, así como los iones negativos producidos por el oleaje, también te ayudarán a limpiarte y armonizarte.  Es un lugar que permite recrear cuerpo, mente y alma, esparcirnos, jugar y relajarnos.  

Acude a la playa cuando necesites contactar con tu niñ@ interior, revitalizarte, limpiarte, sanarte y disfrutar de la alegría de estar vivo.




Ríos:


Los ríos también son excelentes lugares de sanación; Cuando estés cerca de alguno o te bañes en él pídele que se lleve cualquier negatividad que pudiese haber en tu interior o en tu cuerpo energético.  Si por alguna razón sientes llorar, hazlo, permite que el río que se lleve esa tristeza y solicita sanación a la Madre Tierra, al Padre Sol, a tus Guías, Maestros o Yo Superior, según  tu fe y creencias, el todo es liberarte del dolor y sanarte, para que la alegría pueda florecer en ti.  El río te recordará la fluidez, te cantará su melodía acuosa, te impregnará de su frescura y te limpiará. Además, los iones negativos que produce el agua en movimiento, sobre todo, cerca de sus cascadas, son altamente sanadores.  

Visita los ríos, especialmente, cuando quieras limpiar todo tu ser, cuando te sientas estancado o tengas emociones que quieras soltar y dejar ir.


Montañas:


La montaña nos ayuda a tener una visión más elevada, a recordarnos cuan fuerte somos, a superar obstáculos y limitaciones y también a saber cuáles son los límites que define la sana prudencia y que nos permiten estar a salvo.  Es un excelente lugar para el aislamiento y la introspección, para conectar con los planos superiores, pero también con la fuerza telúrica, presente en las rocas y que nos acerca al inmenso poder, fuerza y sabiduría de la Madre Tierra.  La montaña es un lugar para elevarnos, tomar perspectiva, madurar y crecer, sanar la estructura de la personalidad, recordarnos que somos capaces de llegar más alto de lo que creemos, reforzando nuestra autoestima y a veces, también, nos da lecciones de humildad, al mostrarnos que el exceso de osadía no es más que un reflejo de nuestra arrogancia.  Además, en muchas de ellas podemos encontrar plantas aromáticas y medicinales maravillosas, tales como romero, tomillo, lavanda, etc.

Acude la montaña siempre que necesites tomar perspectiva, aislarte del bullicio de la ciudad y fortalecer tu Ser.


Selvas y Bosques:  


La Selva y los bosques nos ofrecen la conexión con lo más puro, con todo lo sagrado, con la energía sanadora de las plantas y los árboles, los cantos de las aves y sonidos de otros animales, que nos recuerdan nuestra hermandad con otros reinos de la naturaleza.  Estos lugares nos acercan a la pureza sanadora del agua de los ríos y constituyen grandes reservorios de medicina, puede decirse que son la gran farmacia de la naturaleza.  Selvas y bosques nos bendicen, sanan, renuevan y revitalizan con su energía y además nos recuerdan que el verdadero hogar está en la naturaleza.  Nos enseñan el rostro puro de la Madre Tierra, que es también un reflejo manifestado de nuestra belleza y pureza interior, brindándonos así paz de espíritu.  

Visita estos lugares cuando necesites reencontrar tu esencia salvaje, divina y sagrada.




Desiertos:


Los desiertos nos ofrecen el silencio, la visión de la impermanencia y la sensación de horizonte infinito que nos invita a ir más allá, por ello nos recuerdan lo relativo de la existencia material, nos instan a desarrollar la fe, a reconocer lo verdaderamente importante, que es lo trascendente, aquello que nos anima a caminar más allá, a través del silencio, en busca del agua, que representa en el plano físico la vida y en el espiritual la sabiduría del alma, adquirida a través de las emociones, que nos permiten sentirnos vivos, que pueden darnos la vida si son limpias, pero pueden enfermarnos si están contaminadas.  

Acude al desierto cuando necesites pleno silencio, recordar la impermanencia, revisar tus emociones, reconocer lo trascendente y discernirlo de lo intrascendente y valorar y agradecer todo lo bueno que la vida te ofrece.




Campos:


El campo nos brinda el contacto con la tierra fértil, con la abundancia, reforzando nuestra autoestima al reconocer en ese reflejo externo, que toda buena semilla que plantemos y cuidemos en nosotros nos bendecirá con sus frutos, siendo un regalo de abundancia y un recurso para nosotros que también puede beneficiar a quienes nos rodean.  El campo aumenta nuestras ganas de ser productivos y de cultivar nuestros recursos internos y externos para tener una vida plena, próspera y alegre.  

Acude al campo cuando requieras reconectar con el sentimiento de prosperidad y abundancia, recordar que tienes recursos inexplorados o desaprovechados y animarte a cultivarlos, reforzar tu autoestima y tus ganas de disfrutar de la plenitud y la alegría de vivir.


Se consciente, respeta, ama y cuida la naturaleza, ella es la fuente de la vida y un libro viviente repleto de Sabiduría.